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Panorama del Joven emprendedor en Bolivia

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Fecha: 
11 Diciembre, 2019

Fuente:

Autor: 
Sergio Antezana

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), solamente el 41.5% de la Población Económicamente Activa (PEA) es trabajador asalariado, mientras que el 50.6% es trabajador por cuenta propia, es decir, autoempleado, 3.1% es empleador o socio, 4.2% es trabajador familiar sin remuneración y 0.7% es cooperativista de producción. Sumando las categorías de autoempleado, cooperativista y empleador, se puede concluir que el 54.1% de la PEA es emprendedor en Bolivia.

El término emprendedor tomó vigencia desde hace unos años a raíz del crecimiento del autoempleo y de algunos ejemplos brillantes en el norte del continente de gente que ha organizado imperios millonarios con nada más que una idea. Entonces, se nos dice que el emprendedor es innovador, creativo, tiene liderazgo, visión empresarial y una serie de adjetivos que difícilmente calzan con el 54,1% de la población. En Bolivia se emprende por necesidad más que por pasión, se emprende ante la ausencia de un seguro de desempleo y ante un mercado laboral precario y particularmente duro para el joven. Si aceptamos la definición de emprendedor del primer párrafo, hay una relación directamente proporcional entre pobreza y emprendedurismo: Potosí, 63.9% de su PEA, Oruro, 60.3% y La Paz: 57.9%; mientras que Santa Cruz tiene un 43.6%.

El mercado laboral

Si dividimos el mercado laboral entre los sectores que demandan mayor y menor calificación de la mano de obra, podemos agrupar las categorías de servicios de salud y asistencia social, servicios de educación, administrativos, profesionales, inmobiliarios, financieros, de información y comunicaciones como los sectores más calificados. Este grupo representa aproximadamente el 12% de la PEA en Bolivia; por el contrario, los de menor calificación son los que mayor empleo generan: agricultura (26.8%), comercio (16.8%), manufactura (8.9%), construcción (8%) y transporte (5.8%).

El joven sin calificación se enfrenta al mercado laboral sin experiencia laboral, lo que lleva al desempleo o sub empleo. El joven con formación profesional enfrenta un mercado laboral que no demanda mano de obra calificada en la cantidad en la que ésta se genera, por lo tanto, también debe aceptar el sub empleo, la realización de pasantías sin pago, el desempleo o emprender un negocio propio, más por necesidad que por realización personal.

Según el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), hay una gran contraste entre lo que esperan los empleadores paceños y lo que encuentran: 99% espera responsabilidad de los jóvenes que contrata y sólo el 34% la encuentra, 99% espera involucramiento y sólo el 49.7% lo encuentra; 90.9% espera capacidad para comunicar ideas y sólo el 28.9% la encuentra; 72.6% de los empleadores espera liderazgo, y sólo el 24.9% lo encuentra.

El Viceministerio de la Micro y Pequeña Empresa, manifiesta que existen 648.600 unidades productivas en Bolivia, de las cuales 93.8% se consideran micro y pequeñas empresas (MyPES), dichas empresas generan el 80% del empleo a nivel nacional, aunque su aporte al PIB es menor al 30%. Estas son las empresas que contratan la mayor parte de la mano de obra y que no pueden pagar los beneficios que la ley específica o incluso pagar el mínimo estipulado por ley, pero tampoco parecen encontrar lo que buscan en sus empleados.

Las mujeres

Mientras en 1976, las mujeres representaban solamente el 22% de la PEA, en 2012 este porcentaje ascendía a 41,2%, y en 2018 a 46,7%. Este dato contrasta con la población inactiva que está compuesta principalmente por mujeres: 64,8% y 35,2% de hombres, en gran parte porque no se reconoce ni contabiliza el trabajo que realizan las mujeres en sus hogares.

La mujer es la menos favorecida por el mercado informal: 70% de las mujeres que forman parte de la PEA, trabaja en el sector informal: sin beneficios sociales, seguro de salud o jubilación.

Las recomendaciones

El Ministerio de Educación implementó la materia de emprendedurismo en todos los Institutos Técnicos Tecnológicos del país.  Una iniciativa que se ejecuta en el marco de que un 54,1% de población del país emprende. En algunos casos, los jóvenes ya cuentan con una micro empresa y esta materia les permite afinar algunas ideas; en otros se trata de carreras en las que no hay opciones para emprender: la de secretariado ejecutivo es el ejemplo más claro.

En los Institutos se puede de todo: desde jóvenes que invirtieron un pequeño capital y ya cuentan con una micro empresa que les da ingresos, hasta jóvenes que terminaron una licenciatura y que no pueden encontrar trabajo, así que van a aprender habilidades más prácticas para emplearse. Los jóvenes son sumamente diversos y en Bolivia hacen su ingreso al mercado laboral más tarde que en otros países: el desempleo entre jóvenes de 15 a 24 años es tres a cuatro veces mayor que en adultos.

Considerando el desencuentro entre lo que piden los empleadores y lo que encuentran, se puede ver que parte del problema laboral no está en la formación técnica sino en otras habilidades como la de saber comunicar una idea, mirar a los ojos, ser asertivo, etc. Lo mismo ocurre cuando uno contrasta las habilidades que se le asignan al emprendedor, con las que uno encuentra entre los emprendedores del día a día. La parte olvidada del mercado laboral y el emprendedurismo está muchas veces más en las habilidades blandas que en las técnicas, y es ahí donde hay muy pocas experiencias sobre las que armar un paradigma.

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emprendimiento, mercado laboral, mujer